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La movilidad, entendida como el acto de desplazarse de un lugar a otro, siempre lleva un
gasto de energía asociado

Sea una bicicleta, un carruaje, un vehículo con motor de combustión interna o un vehículo eléctrico, todos conllevan un gasto de energía (humano, animal, combustible, electricidad…)

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Teniendo en cuenta factores como potencia, versatilidad, contaminación y sostenibilidad, el vehículo eléctrico no debe ser solamente el futuro de la movilidad, si no el presente.
En los artículos “Restricciones a la contaminación” y “El coche eléctrico: lo que no te cuentan” ya quedaron desmentidos ciertos mitos tales como que los vehículos eléctricos son menos potentes, más complejos o que contaminan más debido a la generación de electricidad.

Vamos a rescatar un párrafo de “Restricciones a la contaminación” pues va a ser el punto de partida de este artículo:
“Lo primero es decir que el vehículo eléctrico no contamina, contamina la generación y transporte de la electricidad con la que lo recargamos, por lo tanto para hacer una comparativa justa habría que asociar al vehículo térmico las emisiones de extracción, refinamiento y distribución del combustible (lo que se conoce como “del pozo a la rueda”), y no solo las directas del tubo de escape. Pero como no disponemos de esos datos vamos a hacer una comparativa injusta en contra del vehículo eléctrico tomando solo las emisiones homologadas.
Volvemos a comparar nuevamente el Zoe (92cv) con el Clio diésel de 90cv, el cual homologa unas emisiones de 90gr de CO2 por km recorrido. El Zoe homologa 13.3kWh/100km y según el informe de 2015 de REE (Red Eléctrica Española) las emisiones medias por kWh en España en 2015 fueron de 302 gr de CO2. Es decir el Zoe “emite” 40gr CO2/km.”

Pese a que las emisiones del Zoe sean menos de la mitad que las de un diésel equiparable (incluso en las condiciones desfavorables en las que se ha hecho la comparativa), siguen preocupando esos 40gr CO2/km.
Todo es mejorable, y el día que dejemos de creer eso, se acabará el progreso y la ciencia dejará de tener razón de ser.

Así pues, vamos a analizar las formas actuales de producción de energía eléctrica en España, compararlas con las de otros países e intentar buscar una solución para reducir lo máximo posible las emisiones contaminantes.

Lo primero de todo es categorizar las formas de producción de energía según lo limpias o contaminantes que sean. La primera división que se suele hacer es entre energías renovables y no renovables.
Sin embargo, esta división no parece suficiente hoy en día si atendemos a las emisiones contaminantes, ya que dentro de las energías renovables se encuentran la biomasa y los biocombustibles, que al ser utilizados, emiten gases de efecto invernadero (entre otras cosas).

Es por esto que se hace necesaria otra forma de clasificación que atendería a la contaminación generada: energías contaminantes y energías limpias o no contaminantes.
Dentro de las energías contaminantes se encuentran las no renovables (combustibles fósiles y nuclear) y como se ha dicho antes, los biocombustibles y la biomasa.
Entre las energías limpias se cuentan la energía eólica, solar fotovoltaica, solar térmica, hidroeléctrica, geotérmica, mareomotriz, undimotriz, azul… Dado que hay diversos tipos y muchos de los cuales son ampliamente conocidos, no vamos a entrar a explicar su funcionamiento y dejamos esta labor al lector interesado, que puede encontrar información fácilmente.

El objetivo de esta clasificación es mostrar que, una vez elegido el camino de las energías limpias, hay multitud de opciones de generación y no todas ellas dependen del clima, si no que las hay que dependen de factores tan estables como las mareas y el calor interno del planeta.
Descartada así la excusa del clima impredecible (consecuencia del cambio climático, generado en gran parte por el uso de energías contaminantes), pasemos a analizar la producción de energía eléctrica en España durante los últimos años.

En el gráfico 1, en el que se muestra la electricidad generada en España mediante fuentes renovables como un porcentaje del total de la energía consumida, se puede apreciar que desde el año 2004, hay un aumento claro del empleo de las energías renovables, siendo el doble en 2015 que en 2004.

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Gráfico 1

A priori, éste es un dato bastante bueno, o al menos lo aparenta. Estudiémoslo en profundidad:
En 2015, el porcentaje fue del 36,9%, sin embargo, de este porcentaje de energías renovables, sólo el 58,5% proviene de energías limpias. Es decir, el 41,5% restante sigue emitiendo gases dañinos para el medio ambiente. Este dato se extrae del gráfico 2. donde las energías limpias corresponden con Hydro power, Wind power, Solar termal, Solar photovoltaic y Geothermal energy.
La conclusión que se obtiene de estos dos gráficos es que solamente un 21,6% de la energía eléctrica consumida en España en 2015 provenía de fuentes de energía no contaminantes.

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Gráfico 2

Llama la atención no encontrar dentro de las renovables ninguna asociada a la energía que puede aportar el mar, como la mareomotriz o la undimotriz (basada en el aprovechamiento del movimiento de las olas), siendo España un país con casi 4000 km de costa. También llama la atención que toda la eólica española sea onshore, siendo la offshore más ventajosa (según el IDAE) en todos los aspectos menos en el económico y, especialmente, en la inversión inicial.

Pero abramos el campo de visión y dejemos de centrarnos solo en España. ¿Qué pasa en el resto de Europa?
¿Qué pasa si al primer gráfico (gráfico 1) le añadimos otros países de la eurozona y nos comparamos con ellos?

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Gráfico 3

Vemos que hay países como Portugal, Suecia e Islandia que superan con creces el porcentaje español de electricidad generada con energías renovables, e incluso se aprecia cómo Noruega supera el 100%, es decir, que genera tanta electricidad solo con energías renovables que es capaz de cubrir toda su demanda y exportar el excedente a otros países.
También se puede ver que la media de los 28 países de la UE, representada por una línea verde con cuadrados, es inferior a la de España, por lo que hay países con peores porcentajes de renovables que el nuestro, entre los que se cuentan Francia, Italia, Alemania y Reino Unido.
Sin embargo, como no somos políticos (ni pretendemos ser políticamente correctos), no creemos que este hecho sea algo por lo que felicitarse. Mal de muchos, consuelo de tontos.
Hay países que nos superan y es con ellos con los que hay que compararse e intentar parecerse.

Continuando con las comparaciones, vamos a ver cuál es la distribución dentro de las energías limpias para distintos países de la eurozona.

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Gráfico 4

Mirando el gráfico 4, se puede observar que la mayoría de los países tienden a explotar los recursos naturales de los que disponen en mayor abundancia. Es el caso de Italia e Islandia con la energía geotérmica, o de Suecia y Noruega con los recursos hídricos.
Con esto a la vista, se podría esperar que en España, que presume (y en gran medida vive) de tener muchas horas de sol a lo largo del año, la energía solar fotovoltaica estaría muy explotada. Pues bien, si confiamos en el Eurostat (fuente de información de donde se han obtenido todas estas gráficas), parece ser que no es así y que, por ejemplo, Alemania nos lleva la delantera.

¿Será porque Alemania tiene más horas de sol al año que España o que la radiación solar llega con más potencia allí?

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Gráfico 5

Según la imagen, la respuesta es que no.

¿Será que Alemania cuenta con más superficie que España y por eso han podido instalar más paneles fotovoltaicos?

  • Superficie de Alemania: 357.376 km2
  • Superficie de España: 505.990 km2

La respuesta vuelve a ser negativa.

Entonces, debe ser porque la densidad de población es mucho menor en Alemania y por eso disponen de más terreno para instalar placas fotovoltaicas.

  • Población en Alemania: 81.334.148 habitantes
  • Población en España: 46.528.966 habitantes

Tampoco.

La respuesta es simple: Alemania tiene instaladas bastantes más placas fotovoltaicas que España. Y no ocupan necesariamente más espacio, ni quitan terreno a otras instalaciones o cultivos. Simplemente están situadas sobre los tejados de las casas particulares y edificios de empresas.

Este hecho es debido, principalmente, a la legislación vigente en cada país, y que la UE no ha sabido, podido o querido hacer común para todos sus integrantes.
En el caso de España, desde 2007 es obligatorio, según el Código Técnico de Edificación (CTE), realizar instalaciones solares térmicas destinadas al agua caliente sanitaria en todas las nuevas edificaciones. Sin embargo, no establece nada sobre las instalaciones fotovoltaicas en viviendas.
Así, no habiendo una ley que obligue a su instalación, se esperaría que al menos hubiera un incentivo para aquellos que decidieran realizar la instalación. Pues bien, no solo no lo hay, si no que existe una penalización: el llamado “Impuesto al sol”.

El famoso “Impuesto al sol” es una ley que regula los peajes de respaldo al autoconsumo energético, es decir, que no solo grava la energía solar, si no cualquier producción de energía destinada al autoconsumo.
Este impuesto, pretende cobrar cierta cantidad por cada kW de autoconsumo instalado basándose en que, al tener una menor dependencia de la red de electricidad, la tarifa de la luz sería menor y por lo tanto también lo serían los impuestos pagados. Impuestos que ayudan a financiar las infraestructuras necesarias para el transporte de electricidad.
Es decir, si un ciudadano decide instalar unos paneles solares en su casa, durante las horas de sol se proveerá de ellos, obteniendo la energía necesaria durante la noche de la red eléctrica. Por lo tanto, su factura de la luz será menor y también lo serán los impuestos pagados. Como con estos impuestos se pagan las instalaciones necesarias para el transporte de electricidad, recaerá sobre el resto de ciudadanos el mantenimiento de dichas infraestructuras, aunque el ciudadano que ha elegido instalar paneles solares también se beneficie de ellas.

Hasta aquí parece muy lógica y necesaria la existencia del impuesto al sol. Pero, ¿hay algo más? ¿Algo que no se cuenta?
Supongamos que este ciudadano que ha instalado paneles fotovoltaicos en su casa tiene una jornada laboral de 9:00 a 17:00. En esa franja horaria, que por cierto es en la que más radiación incide sobre los paneles solares, éstos están produciendo una energía que el ciudadano no va a consumir, pero que sin embargo, forma parte de la red, por lo que las empresas energéticas pueden disponer de ella y venderla a terceros.
Es decir, las empresas energéticas están vendiendo una energía que no les ha costado nada producir, cuya instalación no ha corrido de su cuenta y por la que no están pagando a su proveedor. ¿No sería más lógico entonces que dicho impuesto recayera sobre ellas?

Por último, para ilustrar el papel de las empresas energéticas en todo esto, se han recabado los precios de la electricidad desde el primer semestre de 2014 hasta el último de 2016 (último del que se disponen datos hasta la fecha) de algunos de los países con los que se han hecho comparativas.
Cabe destacar que estos precios son antes de impuestos, es decir, están fijados por las empresas energéticas.

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Gráfico 6

Se puede observar que el precio más caro de la electricidad (€/kWh) lo ostenta España en todos los semestres estudiados. Como se ha dicho antes, este precio es antes de impuestos y hay países, en los que después de aplicados, el precio final es mayor, pues pagan mayor cantidad de impuestos.
Aunque parezca un dato poco fiable o incluso falseado, no hay que olvidar cuáles son los salarios medios que perciben los trabajadores de unos y otros países, dato que preferimos omitir y dejamos su conocimiento a la elección del lector por no desanimarlo aún más.

Para remontar esta sensación de pesimismo, queremos hacer saber que esta situación no tiene porqué seguir siendo así. Como votantes, podemos exigir ciertas medidas a nuestro gobierno. Como ciudadanos, podemos tomar acciones individuales para reducir la contaminación que producimos, no solo a nivel energético, si no en todos los niveles de nuestras vidas.
Para ilustrar mejor estas ideas, recomendamos, por ejemplo, ver el documental “Before The Flood” donde se dan bastantes claves de las causas y consecuencias del cambio climático y posibles soluciones a adoptar que están al alcance de todos.

Y a modo de conclusión, queda decir que aunque parezca que el autoconsumo y la generación individual de electricidad no están disponibles para todos, la instalación de placas fotovoltaicas en los tejados o jardines de viviendas individuales o de comunidades de vecinos, es una decisión rentable a la par que ecológica a medio-largo plazo, aunque no se consiga la independencia energética. Esta generación se puede unir a almacenadores y baterías como por ejemplo la Powerwall de Tesla, lo que nos permitirá disfrutar de la energía generada cuando sea necesario.
Por último, para los que estén pensando que dicha instalación no compensa económicamente por culpa del Impuesto al sol, decir que el gobierno está teniendo problemas para implantarlo debido a las protestas de otros grupos políticos y al incumplimiento de normativas tanto españolas como europeas.

Se han acabado las excusas.

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Una idea en “La generación de energía eléctrica”

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